Un punto azul palido by Sagan Carl

Un punto azul palido by Sagan Carl

Author:Sagan, Carl [Sagan, Carl]
Format: epub
Tags: General Interest
Published: 2009-12-13T03:22:31+00:00


Un ser humano orbitando la Tierra contempla el planeta que constituye su hogar con su «delgado estrato de luz azul marino»: el astronauta Bruce McCandless en su unidad de maniobra tripulada (MMU), en febrero de 1984. Fotografía tomada desde el transbordador espacial Challenger, cedida por Johnson Space Center/NASA.

CAPÍTULO

EXPLORAR

OTROS MUNDOS Y PROTEGER EL NUESTRO

Los planetas, en sus distintas fases de desarrollo, se hallan sujetos a las mismas fuerzas formativas que operan en nuestra Tierra y presentan, por ello, la misma formación geológica, y probablemente la misma vida, de nuestro propio pasado y quizá futuro; pero más allá de dichas consideraciones, estas fuerzas están actuando, en algunos casos, bajo condiciones totalmente diferentes de las que imperan en la Tierra y, en consecuencia, deberán evolucionar hacia formas distintas de las conocidas hasta ahora por el hombre. El valor de un material como ése para las ciencias comparativas es demasiado obvio como para requerir discusión alguna. ROBERT H. GODDARD (1907) Por primera vez en mi vida contemplé el horizonte en forma de línea curva. Este se veía acentuado por una delgada franja de luz azul marino, nuestra atmósfera. Obviamente, no se trataba del océano de aire del que tantas veces había oído hablar en la vida. Me aterrorizó su frágil apariencia. ULE MERBOLD, astronauta alemán del transbordador espacial (1988)Cuando contemplamos la Tierra desde altitudes orbitales, vemos un mundo frágil y hermoso encastrado en negro vacío. Pero observar una porción de la Tierra a través de la portilla de una nave espacial nada tiene que ver con la sensación de verla entera contra el fondo negro o -mejor aún- avanzando a través de nuestro campo visual, mientras flotamos en el espacio fuera de la nave espacial. El primer ser humano que efectuó dicha experiencia fue Alexei Leonov, quien el 18 de marzo de 1965 salió del Voskhod 2 a dar un original «paseo» espacial: «Miré hacia abajo, a la Tierra -recuerda- y el primer pensamiento que cruzó por mi mente fue: "Después de todo, el mundo es redondo." En una sola ojeada podía ver desde Gibraltar hasta el mar Caspio… Me sentí como un pájaro, provisto de alas, capaz de volar.»

Cuando se contempla la Tierra desde más lejos, como hicieron los astronautas del Apolo, su tamaño aparente parece contraerse hasta que no queda nada más que un poco de geografía. Impresiona ver lo silenciosa que es. Ocasionalmente salta un átomo de hidrógeno; llega un suave golpeteo de polvo cometario. La luz solar generada por el inmenso y silencioso motor de las profundidades del interior solar se derrama en todas direcciones, y la Tierra intercepta bastante cantidad como para asegurarse un poco de iluminación y el calor suficiente para nuestros modestos propósitos. Aparte de eso, ese pequeño mundo se encuentra completamente solo.

Desde la superficie de la Luna se puede ver, quizá en fase creciente, sin poder ni siquiera distinguir sus continentes. Y desde cualquier posición del planeta más exterior es un mero punto de pálida luz.

Desde la órbita terrestre nos sorprende el delicado arco azul del horizonte; es la delgada atmósfera de la Tierra, vista tangencialmente.



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